lunes, 10 de marzo de 2014

EE.UU. contra Filipinas




Inauguro este nuevo blog cuyo objetivo es comentar aquellas efemérides de 1914 – 2014 que no siendo las centrales, si contribuyeron a la historia de este siglo y, que además, son poco conocidas por los españoles.

Una de las que probablemente sorprendan es que una de las guerras de finales del XIX y principios del XX, 1899 – 1902, fue la guerra entre EE.UU. y Filipinas.

Si bien es anterior a 1914, creo interesante hablar de ella, pues se produjo tras la guerra hispanoestadounidense de 1898 donde la falacia de un Presidente, Mc Kinley y el apoyo de una prensa que necesitaba vender, cadena Hearst, labraron una guerra fácil que les dio pingües beneficios: Cuba,Puerto Rico, Filipinas, Guam, etc. Como justificaron esas guerras como en defensa de los nativos, en principio los filipinos, que se había sublevado contra España, una minoría, apoyaron la guerra pues McKinley dijo que ocupar Filipinas hubiese sido una inmoralidad.

Pero la realidad fue distinta, pues EE.UU. envió más de 11.000 soldados a las islas, sobre todo Manila y persiguió al gobierno de Aguinaldo, nombrado por ellos mismos.
Ante esa situación la tensión entre norteamericanos y filipinos se plasmó en la muerte de un soldado nativo por uno norteamericano el 4 de febrero de 1899.

La guerra duró, oficialmente, hasta 1902, pero hasta 1907 partidas de guerrilleros lucharon en Samar y Luzón, aunque el 28 de marzo de 1902 Aguinaldo fue arrestado, Macario Sacay asumió la presidencia luchando hasta 1906 en que traicionado por una falsa promesa norteamericana fue arrestado siendo ahorcado junto a sus guerrilleros en 1907.

En los propios EE.UU. las atrocidades, violaciones, quema de iglesias, etc. levantaron un cierto clamor pero no el suficiente para evitar la sangría ( más de 200.000 civiles, aunque ciertas fuentes filipinas las elevan a un millón ), 20.000 militares filipinos y cerca de 5.000 estadounidenses, un verdadero genocidio.


Con la muerte de Sacay la rebelión fue aplastada y EE.UU. se quedaría en las islas hasta el 4 de julio de 1946, demostrando que el buenismo de Mc Kinley y sucesores era solo una hipocresía y que EE.UU. iba camino de convertirse, si no lo era ya, en otra potencia imperial.