Inauguro este nuevo blog
cuyo objetivo es comentar aquellas efemérides de 1914 – 2014 que no siendo las
centrales, si contribuyeron a la historia de este siglo y, que además, son poco
conocidas por los españoles.
Una de las que probablemente
sorprendan es que una de las guerras de finales del XIX y principios del XX,
1899 – 1902, fue la guerra entre EE.UU. y Filipinas.
Si bien es anterior a 1914,
creo interesante hablar de ella, pues se produjo tras la guerra
hispanoestadounidense de 1898 donde la falacia de un Presidente, Mc Kinley y el
apoyo de una prensa que necesitaba vender, cadena Hearst, labraron una guerra
fácil que les dio pingües beneficios: Cuba,Puerto Rico, Filipinas, Guam, etc.
Como justificaron esas guerras como en defensa de los nativos, en principio los
filipinos, que se había sublevado contra España, una minoría, apoyaron la
guerra pues McKinley dijo que ocupar Filipinas hubiese sido una inmoralidad.
Pero la realidad fue
distinta, pues EE.UU. envió más de 11.000 soldados a las islas, sobre todo
Manila y persiguió al gobierno de Aguinaldo, nombrado por ellos mismos.
Ante esa situación la
tensión entre norteamericanos y filipinos se plasmó en la muerte de un soldado
nativo por uno norteamericano el 4 de febrero de 1899.
La guerra duró, oficialmente,
hasta 1902, pero hasta 1907 partidas de guerrilleros lucharon en Samar y Luzón,
aunque el 28 de marzo de 1902 Aguinaldo fue arrestado, Macario Sacay asumió la
presidencia luchando hasta 1906 en que traicionado por una falsa promesa
norteamericana fue arrestado siendo ahorcado junto a sus guerrilleros en 1907.
En los propios EE.UU. las
atrocidades, violaciones, quema de iglesias, etc. levantaron un cierto clamor
pero no el suficiente para evitar la sangría ( más de 200.000 civiles, aunque
ciertas fuentes filipinas las elevan a un millón ), 20.000 militares filipinos
y cerca de 5.000 estadounidenses, un verdadero genocidio.
Con la muerte de Sacay la
rebelión fue aplastada y EE.UU. se quedaría en las islas hasta el 4 de julio de
1946, demostrando que el buenismo de Mc Kinley y sucesores era solo una
hipocresía y que EE.UU. iba camino de convertirse, si no lo era ya, en otra
potencia imperial.